FIESTAS DEL YAMOR EN OTAVALO,
LA FIESTA MÁS ALEGRE
EN LA CIUDAD MÁS AMABLE DE PAÍS.
Imbabura es conocida principalmente por sus mercados artesanales. El más importante es el de Otavalo, a tan sólo 2 horas de Quito, donde cada sábado se congregan decenas de comunidades en la Plaza de los Ponchos, para exponer su trabajo textil. Su técnica para la elaboración de vestidos, cobijas y tapices, viene desde la época de la colonia. Igualmente, se encuentra otro tipo de trabajos como cerámica, accesorios para el cuerpo, joyas, bolsos, etc.
Esta encantadora ciudad cuenta con un agradable clima seco y una temperatura que oscila entre los 18 y 19 grados centígrados, sin embargo los meses más cálidos son de Julio a Septiembre.
Los otavalos, pertenecientes al tronco étnico de los quichuas, habitaron desde siempre las bellísimas tierras andinas septentrionales de Ecuador, repletas de volcanes como el Cayambe, el Imbabura y el Cotacachi entre los que se abren feraces valles cuyas tierras reciben las aguas de torrentes, ríos y hermosísimas lagunas como las de San Pablo, Mojanda o Yahuarcocha. Consolidaron sus estructuras sociales y políticas como casi todos los demás pueblos quichuas del eje andino durante el período histórico conocido como "de integración" a la vez que se desarrollaron los Señoríos Étnicos como el de los Cayambe que dominó en la región de Otavalo.
Durante la fiesta del Yamor los indígenas otavaleños celebran con regocijo la cosecha por haberse beneficiado de los frutos de la tierra, el maíz, la cebada, el trigo, los fréjoles, la quinua, las habas, los chochos, etc. El nombre de "Yamor", que recibe la fiesta proviene de la bebida sagrada que se prepara en honor a los dioses de la cosecha y es una especie de chicha elaborada con las 12 clases de maíz que se ofrecen a las fuerzas que controlan la lluvia, el aire y el sol que favorecen que estos frutos crezcan. El Yamor se bebe en comunión entre los hombres y los dioses en agradecimiento a los poderes naturales y a la Pachamama.
Otavalo hierve de vida y ajetreo durante los sábados de mercado, más aún cuando coincide la celebración de la fiesta del Yamor, la atmósfera cobra una fuerza explosiva donde el color, los sonidos y los olores desbordan los sentidos del visitante, esta fiesta es celebrada en septiembre de cada año.
El momento culminante que desborda las pasiones festivas de los otavaleños es cuando hace su aparición en la fiesta la mitológica y legendaria figura del "Coraza”, éste representa a Atahualpa, el último monarca inca, va montado a caballo con la cara cubierta con colgantes hechos de objetos preciosos y perlas, su rostro va maquillado de blanco y porta un casco que decora su cabeza.
El Coraza pasa en medio de un gentío delirante rodeado de un séquito de indígenas que lo protege acordonando su paso con sogas en las que van insertadas monedas y otros objetos.
En los rostros de bronce de los miembros del séquito protector se ve reflejado, sin duda, todo el orgullo y la fuerza que hacen valer los valores históricos de los otavaleños, no en vano es la fiesta de la cosecha, del Yamor, ofrecida a la Pachamama que regala sus frutos a sus queridos hijos: ellos son los indígenas de siempre.