El 8 de septiembre de 1992 se creó la Reserva Ecológica "El Ángel", mediante Acuerdo Ministerial y se la incorporo al patrimonio de áreas protegidas del país.
La Reserva está ubicada políticamente en provincia del Carchi, con una extensión de 15.715 hectáreas y una altura que va desde los 3.644 hasta los 4.768 metros sobre el nivel del mar. El clima, típico frío de páramo, oscila entre 0 y 18 grados centígrados y precipitaciones anuales de 1.000 a 1.500 milímetros.
La geomorfología del área corresponde a depósitos volcánicos del cuaternario, formada principalmente por lavas ácidas tipo andesita y basaltos, producto de la actividad del volcán Chiles, depositados sobre un estrato de cenizas volcánicas finas, que consolidadas, se las conoce con el nombre de cangahua. La topografía es montañosa con pendientes pronunciadas; en la parte baja, se observan los fondos de los circos asociados a depresiones pantanosas, que transforman al área en una verdadera esponja de agua
Fuente: CAPTUR
La flora de la reserva es su característica, el paisaje está lleno de frailejones, plantas endémicas de la zona que ocupan cerca del 85% del páramo, llegan a medir hasta cuatro metros de alto, de un color blanco platinado, resultado de varias capas de pelos y microvellosidades entre los que el aire, calentado durante el día queda atrapado y evita que el frío de la noche congele a la planta. En los pequeños bosques que forman se crea un microclima único que sirve de hogar a la peculiar fauna de la zona. Este sistema de supervivencia no es exclusivo de los frailejones, otras especies de plantas han hecho lo mismo y se juntan formando almohadillas y extrañas formas para conservar el calor. Las principales especies vegetales que se encuentran son el frailejón, arquitecta, chaquilulo, polylepis, dormidera, mortiño, orquídea, paja de páramo, pumamaqui, romerillo, sigse, sunfo, chilca, aliso y laurel de cera.
El conejo de páramo, único conejo nativo del Ecuador también habita estos páramos, con suerte puede encontrarse con el lobo de páramo, mas emparentado con el zorro y alguna vez hace no mucho se podía encontrar al puma, ahora disminuido por la insensatez.
Es emocionante, observar a los quindes que vuelan de flor en flor y emprenden luchas en el aire para defender su territorio.Más arriba el curiquingue o el quilico buscan alguna carroña dejada por los cóndores, o a una de sus presas favoritas: ratones y culebras. El silencio paramero se va cuando el gigle anuncia el atardecer.