Los japoneses, más tempranos que los chinos, desarrollaron su turismo en la escena de turismo mundial con un ritmo de crecimiento y una capacidad de expansión similares. Tuvieron su época dorada de prosperidad en la década 80 del siglo pasado. Al parecer, en un abrir y cerrar de ojos, los japoneses hacían actos de presencia en todos los lugares del mundo. En particular los turistas japoneses de edad mediana, en nutridos grupos y con sus gorros típicos, hacían uso de sus cámaras fotográficas de último modelo, y sin excepción fueron conducidos por un guía japonés para no despistarse.
La reacción del sector turístico de todo el mundo fue proveer de zapatillas y trajes de baño de estilo japonés en los hoteles y abrir canales de televisión en japonés. Y los empleados de habla japonesa se convirtieron en “indispensables” en algunos hoteles y tiendas de alta categoría. Todo esto era para satisfacer la necesidad de recoger a una corriente de 17 millones de turistas al año.
Hasta la década 80 del siglo pasado, la élite china tuvo múltiples obstáculos para salir al extranjero. Sin embargo, al llegar 2003 el número de turistas chinos para visitar países extranjeros superó al japonés, para acreditarse como una potencia de turismo a escala global. Expertos en la materia señalan que la influencia de China en el turismo mundial es mayor que la de Japón.
Japón, Vietnam, Corea del Sur, Rusia, Tailandia y EE.UU. son grandes destinos de turismo internacional para los chinos. Los servicios iniciados en la alta época del turismo japonés han echado raíces en estos países. Los hoteles, restaurantes, aeropuertos, hasta las tiendas comerciales han comenzado a prestar servicios en chino; los cajeros automáticos de los bancos se ajustan a la necesidad de los chinos; y los restaurantes proveen menú para el gusto de sus clientes chinos.
Con el alarmante crecimiento de la corriente de turistas chinos para visitar países extranjeros, los sectores relacionados en el país alertan que la reacción del turismo global no es suficiente rápida. Wang Ping, presidente de la Cámara de Turismo de la Federación Nacional de Industria y Comercio de China, afirmó: “China es el marcado más grande y más fresco, pero si los países destinarios del turismo chino no encaran la diferencia cultural, se verán afectados los empeños que emprendemos para impulsar nuestra causa común.” Indicó que si bien Europa está ajustándose rápidamente para hacer frente a las necesidades de los turistas chinos, las zonas del Norte de América actúan a pasos lentos. En sus hoteles y lugares frecuentados por los turistas aún no se prestan servicios de comida china ni de ayuda lingüística.
Desde luego, los que deben realizar un auto-reajuste no se limitan a los receptores de turistas chinos. En días recientes unos turistas chinos fueron multados en grandes sumas en Francia por llevar artículos de lujo falsificados como bolsas de marca Louis Vuitton. En Shanghai y otras ciudades, las agencias de turismo alertan en el aeropuerto a los turistas chinos sobre la posible multa por llevar artículos falsificados, y hacen sugerancias para observar las normas occidentales.